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jueves, 5 de julio de 2012

los recuerdos

Cada vez era mayor el tiempo transcurrido entre cada encuentro, pronto volvería a llover (como cada día desde hacía siete años) La monotonía de la lluvia era apenas comparable a la monotonía de su amor.
Se recostó sobre un sofá y entornó los ojos, permaneció dos horas sin pensar en nada y sin dormirse, al cabo de este tiempo sonó el timbre y él se sobresaltó, ya estaba ahí de nuevo, se levantó a abrir, casi mecánicamente, casi mecánicamente también, miró hacia la ventana : llovía.

El llevaba albornoz blanco y el pelo aún despeinado, ella vestía impecable, como siempre y como siempre también, entró sin parar de hablar y sacudiendo la gabardina, conocía cada una de sus palabras y sus gestos y creía conocer cada uno de sus pensamientos.
Pero a pesar de cualquier previsión ese encuentro iba a resultar distinto,

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